Mis tres partidosTodavía me pregunto cómo he aceptado escribir un post sobre tenis. Sí, de siempre lo he seguido con mayor o menor intensidad. Casi nunca me pierdo los grandes eventos y con la avalancha televisiva de que disfrutamos últimamente, estoy mucho más al día. Pero no me parecía correcto hacer un post sobre la actualidad del tenis. Así que me centraré en tres partidos que me marcaron.
Mis primeros recuerdos son con Juan José Castillo y su entró entró. Manolo Orantes y sus dobles con Manuel Jimeno. Luego esos veranos con la raqueta casi siempre en la mano. Esos cuadros de torneos con 16 tenistas enfrentados en una pared de la plaza jugando los principales torneos del año. Torneos que habían sido coleccionados del periódico para recrear en esos interminables días de asueto. Allí Borg seguía arrasando pero fallaba el revés a dos manos, era posible que Gerulaitis ganara muchos torneos, que Vilas fuera un mediocre o que Connors no restara tan bien, incluso Higueras ganaba puntos rápido y Nastase seguía protestando, e incluso estaba Newcombe.
En el torneo de verano de la piscina llegué a pasar varias rondas pero mi muro fueron los cuartos. Luego el baloncesto y sobre todo el fútbol arrinconaron a aquella Kawasaki de madera y dejaron a las bolas Slazenger perdiendo presión en la soledad del desván. Pero seguía viendo tenis.
BORG-McENROE
De los cuatro torneos del Grand Slam, hay dos que son los más favorecidos para poder verlos en las mejores condiciones. Wimbledon y el US Open. El torneo británico en verano favorece su visión a unas horas normales. El torneo americano en estas fechas, también. Su horario vespertino y nocturno, con el tiempo todavía caluroso invita a sacarse la tele a la terraza y disfrutar del mejor tenis.
Catorce veces se enfrentaron Borg y McEnroe, ambos monstruos, uno en el ocaso de su carrera y otro en plena cimentación de sus comienzos. Por entonces Borg, para quién subscribe, era poco menos que invencible. Sin duda que la final de 1980 fue grandiosa. Pero a mi me marcó la de 1981. Esa final sería el principio del fin del astro sueco. Pero entonces poco se podía imaginar aquello. Sería en el US Open cuando otra derrota ante John le hizo retirarse.
Me acuerdo de aquella final de Wimbledon. Y me acuerdo mucho de la semifinal entre Borg y Connors. Un partidazo, con alternativas, dos roscos y un esfuerzo agónico por parte ambos tenistas.
Borg ganó el primer set de la final. Pero los dos siguientes se fueron al tie-break. Tras el primero recuerdo que mi padre no daba un duro por el sueco. Siendo mi ídolo, negaba y le decía: “Cuando le coja el saque…”. Pero Borg no le cogió el saque. El retorcido y endiablado saque de McEnroe unido a su elegante volea dieron el primer aldabonazo del fin del rey sueco. Fue un shock absoluto. Una derrota que me dolió.
EDBERG-LENDL
El segundo de los partidos que recuerdo con más viveza es el de cuartos de final del US Open de 1992. Stefan Edberg sustituyó en mi corazón a Bjorn Borg, tras pasar por Connors y cierta desconexión. No había jugadores que me terminaran de decir algo. Hasta Edberg.
Y así en una tarde de septiembre, con las golondrinas con su escandalera habitual, unas buenas patatas fritas, aceitunas y cervecitas, sentado en la terraza mirando hacia el salón, asistí a un partido épico. Estos dos jugadores fueron más coetáneos y se enfrentaron en 27 ocasiones con 14-13 para el sueco. Aquel partido de cuartos de final fue el último en el que se vieron las caras. Edberg comenzó muy bien y ganó los dos primeros sets. Pero el orgullo de Lendl y su fortaleza rocosa le llevó a empatar el partido a 2. Dos estilos tan distintos hacían del partido una mezcla colorida. Sobriedad contra fantasía, fuerza contra ingenio, austeridad contra elegancia.
El quinto set fue dramático. Ya no quedaban golondrinas, era noche cerrada en Madrid, se habían acabado las patatas y las aceitunas, hasta mi gato se unió a la fiesta del tenis. Al final la fantasía de Edberg se impuso con un 7-5. Fue el último Grand Slam que ganaría Edberg, le ganó la final a un incipiente Sampras.
FEDERER-NADAL
El último partido es la final de Wimbledon entre Rafa Nadal y Roger Federer. Ese partido que sustituyó a la final de 1980 entre Borg y McEnroe como el mejor partido de siempre en La Catedral y en la historia del tenis. El indómito mallorquín buscaba su primer Wimbledon y ganó los dos primeros sets frente a la clase, la elegancia del sueco Federer. Tercer set magistral y, lluvia de por medio, para Federer. En el cuarto set se llegó a una cotas tremendas con Federer salvando puntos de partido. Pero el quinto fue una sinfonía. Seguro que la lluvia y el descanso pertinente ayudaron. Pero aquel 9-7 quedó grabado a fuego en la memoria del tenis. Tan a fuego como estos tres partidos y Borg, Edberg y Nadal lo están en mi memoria. Más o menos lejana pero muy viva.